En portada de El Periódico del día 2
de mayo, un titular anuncia que los sindicatos mayoritarios amagan con una
huelga general. Al lado derecho del titular, una foto de la manifestación del
1º de Mayo en París (humo y carga policial), con un subtítulo que reza “Paris disturbios”. A la derecha del
titular, una foto de la manifestación del 1º de mayo en Barcelona (sol, orden y
banderas al viento), con un subtítulo que reza “Barcelona Fiesta”. Fiesta a la que, por cierto, no debieron
invitar a la ADT porque, al menos en mi campo de visión en las diferentes
manifestaciones en las que algunos hicimos presencia, las únicas pancartas que
se encontraron faltar fueron las de este grupo.
No me negaréis que la portada que cito no puede ser más ajustada la
realidad sindical en la que estamos instalados.
A los trabajadores franceses les quieren organizar (sólo está anunciada)
una reforma laboral, no tan radical como la que nos ha aplicado el PP a
nosotros, y los trabajadores franceses y sus organizaciones le hacen notar al
gobierno que “no están para fiestas” y convierten el 1º de Mayo en una jornada
de lucha contra esas intenciones.
Esa lucha, a falta de canales democráticos y de negociación real (es una
epidemia en toda Europa) adquiere ciertos tintes de radicalidad en la calle (la
policía además, se encarga de que así sea). Pero a los trabajadores franceses
no les da miedo que los tilden de radicales porque saben que por muy radicales
que se pongan, nunca igualaran en radicalidad las medidas que quieren
aplicarles los representantes de la banca y las multinacionales, insisto, muy
por debajo de las que nos han aplicado a nosotros. Gente sin complejos esos
trabajadores franceses.
A los trabajadores catalanes y españoles
nos han aplicado una reforma laboral radical y despiadada, cuya única utilidad
conocida ha sido abrir más la brecha entre ricos y pobres, arrojar a miles de
familias a la pobreza y precarizar las condiciones laborales hasta niveles
medievales. El mundo laboral es mucho peor después de aplicar esas medidas, eso
no tiene discusión posible. Y los trabajadores
españoles y nuestras organizaciones convocamos una jornada que la prensa
presenta (porque con “los datos disponibles”
seguramente puede hacerlo) como de “fiesta”. Eso sí, amagamos con una huelga general, pero
a la vez perdemos la oportunidad que nos da la convocatoria del 1º de mayo para
dejar claro ante los que nos están jodiendo,
lo enfadados que estamos.
El historiador Josep Fontana
(todo un sabio) nos recuerda que “los
poderosos no hacen concesiones hasta que no tienen miedo”. Si lo que pretende J. Fontana es provocarnos
actitudes de respuesta, coherentes con
el trato que nos dan, este sabio con nosotros y nuestras organizaciones
sindicales pierde el tiempo. Nuestros “malos” pueden dormir tranquilos:
amaguemos con lo que amaguemos, ellos saben que no les vamos a ni a reñir.
Ahora, eso sí, nunca nos van a poder acusar de radicales ni de transgredir
las leyes. Hasta ahí podíamos llegar.
El Búho
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